
Las graves cuestiones a las que se enfrentará el Concilio
Argumento doctrinal
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Por supuesto, corresponderá al propio Concilio General determinar el curso de su acción. Sin embargo, nos parece importante subrayar algunos puntos:
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Este Concilio General no puede proceder a la elección de un Sumo Pontífice sin haber establecido primero claramente la vacancia de la Sede Apostólica. Sería absurdo e impío proceder a la elección de un Sumo Pontífice sin haber establecido previamente que dicha elección es necesaria. Por lo tanto, el Concilio deberá establecer la ausencia o la pérdida del pontificado entre los aspirantes al papado desde el Concilio Vaticano II antes de cualquier elección. Por lo tanto, quienes trabajan con nosotros no deben temer que este Concilio General tenga la intención de elegir a toda costa a un Sumo Pontífice sin haber demostrado primero que es una necesidad.
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El Concilio General, que será una asamblea reunida en el Espíritu Santo, también deberá, si se establece con certeza la vacancia de la Sede Apostólica, estudiar y afirmar claramente su legitimidad para proceder a la elección de un verdadero Sucesor de Pedro. Se alzan diversas voces que niegan la legitimidad de dicho Concilio para proceder, si fuera necesario, a la elección de un Pontífice Romano. Pero, ¿qué voz es más legítima para establecer tal hecho que la del propio Concilio General?
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Admitiendo el caso de que el Concilio General haya concluido que la Sede está vacante, también le corresponderá determinar quiénes son los electores legítimos. Aquí tampoco concuerdan las opiniones de los individuos, pero el Concilio General es el que podrá determinar lo que parece bueno al Espíritu Santo (Hechos 15, 28).
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En cuanto al resto de las graves cuestiones que afectan a nuestra Madre la Iglesia en estos tiempos turbulentos, parece razonable decir que la presencia del Sumo Pontífice es necesaria para resolverlas. Este Concilio General es, por tanto y ante todo, una asamblea destinada a estudiar la cuestión de la legitimidad de los Pontífices de la Iglesia Conciliar y, en su caso, remediar la vacancia de la Sede Apostólica.