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La cuestión de la legitimidad de
las autoridades conciliares

Argumento doctrinal

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La constatación de la desastrosa situación de la Iglesia nos lleva a plantearnos la cuestión de la legitimidad de las autoridades que llevaron a cabo tal revolución. En efecto, si se sostiene que estos cambios nefastos resultantes del Concilio Vaticano II fueron aprobados por autoridades legítimas, ¿no habría que concluir que la Iglesia católica habría defraudado la fe y que las puertas del infierno habrían prevalecido? Como católicos, creemos en la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia. Puesto que sabemos que la Santa Iglesia Católica tiene las promesas de Nuestro Señor y que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, ¿no deberíamos concluir que, necesariamente, los prelados de la nueva Iglesia conciliar no tienen la autoridad que pretenden tener? Estas cuestiones deben ser estudiadas atentamente por la Iglesia. 

Ante el desastre sin precedentes que aflige a la Iglesia, la cuestión de la vacancia de la Sede no puede ser descartada de plano. Esta cuestión debe ser considerada con valentía y prudencia, a pesar de los temores que pueda inspirar. Si bien muchos consideran que la vacancia es una conclusión teológica cierta, otros lo niegan. Todos estarán de acuerdo en que la autoridad de la Iglesia es necesaria para resolver jurídicamente esta cuestión. Varios de los aspirantes al papado desde el Concilio Vaticano II han sido públicamente sospechosos de herejía antes o después de su elección. ¿Tiene este hecho consecuencias canónicas que deban ser esclarecidas?

Plantearse seriamente la cuestión de la vacancia de la Sede Apostólica no es más que una aplicación de los principios católicos a la situación actual de la Iglesia. Todos se dicen católicos y los católicos creen en el papado, en la infalibilidad papal y en la primacía del Pontífice Romano. Pero la voz individual de cada uno no puede ser la voz de toda la Iglesia.

Unam  Sanctam

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